Nuestra historia · · 8 min de lectura
Restaurar una casa de 1890
Cómo devolvimos la vida a una imprenta victoriana con artesanos británicos, roble recuperado y mucha paciencia.
La primera vez que entramos en el número 18 de Tavistock Street, el edificio llevaba once años vacío. En la última planta vivían palomas. La maquinaria de la antigua imprenta había desaparecido hacía mucho, pero las columnas de hierro fundido seguían allí, y también la luz: altos ventanales en arco en cada planta, hacia la calle y hacia un patio escondido.
Conservar lo que importaba
La casa se construyó en 1890 como imprenta de carteles de teatro, por eso los techos de la planta baja alcanzan casi cinco metros. Decidimos desde el principio que la restauración seguiría una regla: reparar antes que sustituir.
Eso supuso tres años de trabajo minucioso:
- Las 64 ventanas de guillotina se desmontaron, repararon y volvieron a colocar con un doble acristalamiento fino
- La fachada de piedra de Portland color crema se limpió a mano con vapor, sin productos químicos
- Los suelos originales de pino se levantaron, se numeraron y se volvieron a colocar sobre un nuevo aislamiento acústico
Detrás de una pared encontramos un cartel de 1902 de un musical olvidado. Hoy cuelga en el salón biblioteca.
Manos británicas
Casi todo lo nuevo del hotel se fabricó en Gran Bretaña. La carpintería de las habitaciones es de roble inglés recuperado, hecha por un taller familiar de Herefordshire. Las alfombras de lana vienen de molinos de Yorkshire, los azulejos de los baños de Stoke-on-Trent y la grifería de latón de una fundición de Birmingham que funciona desde 1871.
El origen del nombre
El patio trasero tiene un único pino silvestre, plantado por el dueño de la imprenta en la década de 1890. Sobrevivió al Blitz, a décadas de abandono y a nuestros albañiles. Lo de "harbor" es un guiño al río, a cinco minutos, donde antes llegaban en barcaza el papel y la tinta.
Discretamente moderno
Tras los muros antiguos, el edificio es completamente nuevo. Las bombas de calor aerotérmicas sustituyeron a las calderas de gas, el tejado tiene paneles solares y el agua de lluvia del patio riega las terrazas. Cada habitación tiene climatización individual y acristalamiento acústico, así que el bullicio de los teatros nunca llega a tu almohada.
Si te interesa la historia de la casa, pide en recepción nuestro recorrido patrimonial autoguiado. Dura unos veinte minutos y termina, como no podía ser de otra forma, bajo el pino.